miércoles, 12 de diciembre de 2012

TORQUES DE BERZOCANA

En 1961, en un hallazgo plenamente casual en las cercanías del pueblo de Berzocana en Cáceres, aparecieron semienterrados dentro de un plato o vasija de bronce batido dos torques de extraordinaria belleza y manufactura. Tras el estudio arqueologico se dataron en el siglo VIII a.c.
Los torques son de oro macizo de 24 kilates, uno pesa 750 gramos y el otro 950 gramos,  fueron realizados en un molde y a la cera perdida, técnicas muy utilizadas por los artesanos de aquella época. Su forma es circular y en gran parte de su superficie hay burilados diversos motivos geométricos y líneas entrecruzadas, creando rombos y triángulos, comunmente llamados "dientes de lobo", con enrejados y rayaduras.


Torques de Berzocana, Museo Arqueologico Nacional.

En ambos torques, el espacio entre sus extremos no supera los 7 cms, por lo que se deduce que su uso no estaba destinado para ser llevado en el cuello ya que por esta abertura era imposible ponérselo, salvo que el portador fuese una ñiña, pero dudo que en ese caso soportara el peso en el cuello durante mucho tiempo, aparte también de existir la posibilidad de perderlo fácilmente. Por ello se cree que estaban realizados con el fin de servir de moneda, de dote o de manera simbolica para ser utilizados en rituales.

Lo mejor de todo es que he podido estudiar estos torques de cerca (en fotos y dibujos) y los he podido reproducir a escala natural para el Ayuntamiento de Berzocana, que en breve inaugurará un pequeño museo en el que estas reproducciones y otros elementos arqueológicos podrán ser observados por el público.


Documentación y torques sin burilar.

Su realización fue un arduo trabajo, pues no podía realizar el torques en cera para luego echar en el interior de un molde el metal fundido debido a diversas complicaciones y las posibilidades de mi taller, evidentemente el metal que iba a verter no era oro, claro, pues su precio sería prohibitivo. Ingeniosamente, utilicé una varilla de latón, pues es el metal que más se parece al oro por su brillo y color, que previamente habia sido torneada de forma troncocónica por mi amigo Santiago García y Cía.

Después, con mi otro gran amigo Javier Pérez, calentamos las varillas al rojo vivo en la fragua y procedimos con pinzas y demás aparejos a voltear con la forma adecuadada sendas varas de latón. Ya tenían forma de torques.

Proceso de burilado.

Posteriormente, dibujé con rotulador y lápiz y a mano alzada su decoración, basándome en los dibujos y fotos que tenía para que me guiasen a la hora de burilar. Una vez buriladas las líneas y demás decoraciones, lijé los torques y procedí a su pulido con cera amarilla.


Burilado y pulido.

 
Los torques están acabados y su apariencia es tan real que da gusto verlos, parece como si tubiera en mis manos aquellos torques que un dia, hace siglos, alguien enterró, tal vez rápidamente y asediado por los enemigos, en un cerro de las montañas de Guadalupe divisoras de las cuencas del Tajo y del Guadiana.

Para mí, como artesano y celtíbero ha sido un honor y una satisfacción personal realizar estos torques lo más similarmente posible a como los hicieron en aquella época y sentirme cerca del artesano que con muy pocos recursos logró realizarlos tan bellamente.

Reproducciones arqueologicas acabadas y detalle del burilado.


 

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